Emprende en la madurez y posiciónate como una de las grandes

A partir de los 45 años las mujeres somos mucho más libres, más expertas y centradas. Justo los 3 ingredientes fundamentales que se necesitan para iniciar un negocio.

Contrario a lo que se pensaba en el siglo XX, hoy en día la madurez es de las mejores etapas de la vida. Después de los 45, los hijos -si los tienes- ya están mayorcitos como para valerse por sí mismos, has estudiado o te has perfeccionado en eso que haces y tu cabeza está mucho más centrada porque, seguramente, ya sabes lo que quieres, cómo lo quieres y para cuándo. ¡Ah! Y también cómo hacer para lograrlo, al menos, en teoría.

Entonces, ¿con todos esos ingredientes en tu receta, ¿cómo es que no vas a poder ser una triunfadora en eso tan de moda de emprender? Pero, siempre hay un pero, muchas de las mujeres que se me acercan cuando me escuchan dando una charla, en mis lives de las redes sociales, networking o en mis cursos de formación, me sueltan frases como: “pero imagínate, yo ya tengo 51 y ni la menor idea de en qué área puedo comenzar un negocio”. Si ellas supieran lo fácil que es descubrir ese “En Qué”, ya estarían generando dinero.

Una de las mejores maneras de comenzar un negocio en la mediana edad, cuando no tienes ni la menor noción de en qué enfocar tus energías, está en tu talento nato. Si, ¿no has escuchado hablar de eso? Te lo cuento: tu talento nato -que es uno de los puntos principales que ayudo a explotar en mis mentorías para mujeres maduras que quieren emprender- está en eso por lo que siempre te han celebrado desde que eras muy niña.

Por ejemplo, eras el alma de la fiesta, porque lograbas alegrar a todos los invitados. Allí tienes una oportunidad de hacer una rutina de comedia. Pero si en cambio, todas tus compañeras del colegio te buscaban porque nunca nadie tuvo la letra tan hermosa y te pedías que hicieras los trabajos a mano, ¡listo! Tu emprendimiento puede estar en el camino del lettering haciendo invitaciones para bodas y bautizos de alto target. Ahora, que si tu facilidad para cocinar es proverbial, pues allí tienes un emprendimiento de catering clarísimo. Y así podríamos pasar párrafos y más párrafos poniendo casos de dónde está tu talento. Te confieso que, entre los míos, estaba el hablar y mi capacidad para vender casi cualquier cosa. Tanto, que mi abuelita me llevaba, desde que tenía 4 años, a sus reuniones de amigas para que yo hiciera sus demostraciones de Stanhome (¿te acuerdas de esa marca de productos que toooooodas nuestras mamás compraban y usaban? Pues, de eso). Y qué soy hoy en día: comunicadora, motivadora, mentora y “habladora”.

Con todo esto lo que te quiero decir, es que todas tenemos un talento nato. Un algo que sabemos hacer mejor que otros y allí, justamente, una oportunidad para emprender un negocio ganador. Entonces, hagamos juntas este ejercicio: sírvete un café y siéntate tranquila lápiz y papel a mano -ojalá sea en uno de mis “Cuadernos de Tareas” que tengo disponibles en Amazon- si eres de música, pon una inspiradora o deja que te acompañe el silencio. Inhala fuerte, exhala lento. Vuela a tu niñez, a tu adolescencia, a tu juventud. Recuerda eso que hacías tan chévere, lo que sentías al hacerlo y el placer que te daba ver cómo otros lo disfrutaban. Anótalo. Escribe el proceso que llevabas a cabo para realizar ese algo. Ahora piensa, hoy con tanta tecnología y desarrollo en pleno siglo XXI, ¿qué mejoras le harías? Visualízalo como un producto o como un servicio y comienza a darle forma, primero en la mente, luego en el cuaderno. Escribe, escribe, escribe a mano, eso sí, para que tu cerebro se conecte con tu corazón y haya una verdadera explosión de creatividad. Luego, léelo. ¿Viste? Allí tienes la semilla de tu emprendimiento.

Imagínate si aquello lo hacías antes sin que te pagaran un solo céntimo -y que estoy segura de que lo harías hoy en día sin cobrar nada por eso- cómo será convertirlo en un negocio rentable.

En resumen, tienes el talento nato, tienes las capacidades, la tranquilidad, la experiencia y la experticia adquirida en todos tus años de servicio laboral -aunque haya sido como ama de casa, porque ese si es verdad que es un trabajón- tienes la claridad en tu mente para centrarte en lo que quieres lograr y en el establecimiento de objetivos concretos. Tienes el tiempo y, sobre todo, tienes la madurez. Pregunta seria: Entonces, ¿qué estás esperando para comenzar? Lánzate, planea tu comienzo, busca ayuda o inspiración en otros, deja el miedo en el bolsillo. Concreta una cita con un mentor, busca precios de los materiales o recursos que necesitas para lograr tu emprendimiento, sueña, planea. Hazlo.

Y antes de levantarte de la silla y cerrar el cuaderno donde hiciste tu ejercicio, escribe tu mejor frase motivadora. Tuya o de alguien más. Y abajito, pon: con los pies puestos en el suelo y la mirada en el cielo.

Tú puedes. Claro, y si necesitas ayuda, llámame. Nada me daría más alegría que apoyarte a salir del closet del “no puedo” y entrar por la puerta grande en el mundo de las emprendedoras maduras y fantásticas.